Empieza como una molestia difusa en la tripa, de esas que achacas a algo que has comido o a unos días de ir regular al baño. Pero en lugar de pasarse, el dolor se va concentrando en un punto concreto: abajo y a la izquierda del abdomen. Se nota más al apretar la zona, al toser o al moverte, y según avanzan las horas aparece algo de fiebre, el vientre más hinchado y un ritmo intestinal que se ha vuelto raro, con estreñimiento o alguna deposición blanda que antes no tenías.
Ese recorrido, un dolor que se fija en la parte baja izquierda del abdomen y que no cede con el reposo, es la forma más típica en que se presenta una diverticulitis. Es una de las causas más frecuentes de dolor abdominal en adultos a partir de los cincuenta y, aunque la mayoría de los casos se resuelven bien, conviene saber reconocerla porque hay situaciones que sí requieren valoración urgente. En Centro PAD es un motivo de consulta que vemos con regularidad, así que en este artículo te contamos qué es exactamente, cómo distinguirla de otros dolores y en qué casos hay que actuar sin esperar.
Qué son los divertículos y qué es la diverticulitis
Para entender el problema hay que separar dos palabras que se parecen pero no significan lo mismo. Con los años, la pared del colon (sobre todo en su tramo final, el sigma, que queda en el lado izquierdo) puede ir formando pequeñas bolsas o salientes hacia afuera, como los dedos de un guante. Esas bolsas se llaman divertículos, y tenerlos se conoce como diverticulosis.
Tener divertículos es muy común y, en la mayoría de las personas, no da ningún síntoma: se descubren por casualidad en una colonoscopia o en un escáner hecho por otro motivo. El problema aparece cuando uno de esos divertículos se inflama o se infecta. Ahí es cuando hablamos de diverticulitis, y es entonces cuando duele.
Dicho de forma sencilla: la diverticulosis es tener las bolsas; la diverticulitis es que una de ellas se ha inflamado. La primera suele vivir en silencio durante años; la segunda avisa con dolor y, a veces, con fiebre.
Cómo se manifiesta: los síntomas que la delatan
El cuadro típico de una diverticulitis tiene un patrón bastante reconocible:
- Dolor en la parte baja izquierda del abdomen, continuo, que puede durar días en lugar de ir y venir en minutos como un cólico de gases.
- Fiebre o febrícula, señal de que hay inflamación o infección.
- Cambios en el ritmo intestinal: estreñimiento en unos casos, diarrea en otros.
- Hinchazón abdominal y sensación de pesadez.
- A veces náuseas o pérdida de apetito.
No todos los síntomas aparecen a la vez ni con la misma intensidad. En las formas leves puede ser poco más que un dolor molesto y persistente en el flanco izquierdo; en las más serias, el dolor es intenso y la fiebre, alta. Como esas alteraciones del tránsito se solapan con otros problemas digestivos, a veces cuesta saber de dónde viene el malestar. Si llevas tiempo notando idas y venidas del intestino sin causa clara, te interesa este contenido sobre los cambios en el ritmo intestinal, porque la diverticulitis es una de las causas que conviene descartar.
Con qué se confunde la diverticulitis
La gran pista es la localización. Mientras que el dolor de una apendicitis suele instalarse abajo y a la derecha, el de la diverticulitis se nota abajo y a la izquierda. Por eso a la diverticulitis se la llama a veces, de forma coloquial, la apendicitis del lado izquierdo, aunque son cosas distintas.
También puede confundirse con un cólico intestinal fuerte, con una gastroenteritis o con un episodio de dolor abdominal recurrente de otro origen. La diferencia la marcan tres cosas: que el dolor se mantiene en el mismo sitio, que no se alivia al ir al baño o al expulsar gases, y que suele acompañarse de fiebre. Ante esa combinación, lo prudente es consultar y no esperar a ver si se pasa solo.
Por qué aparece: factores que influyen
No hay una única causa, sino un conjunto de factores que favorecen tanto la formación de los divertículos como su inflamación:
- La edad: los divertículos son mucho más frecuentes a partir de los 50 o 60 años.
- Una dieta pobre en fibra, que endurece las heces y aumenta la presión dentro del colon.
- El estreñimiento mantenido y el esfuerzo repetido al evacuar.
- El sedentarismo y el sobrepeso.
- El tabaco y algunos hábitos que inflaman el intestino.
Esto no significa que puedas evitar al cien por cien una diverticulitis, pero sí que cuidar la fibra, beber suficiente agua y mantener un tránsito intestinal regular ayuda a reducir el riesgo de que los divertículos den problemas. Son medidas generales de salud digestiva, no una garantía, y cada persona parte de una situación distinta.
Cuándo acudir a urgencias
La mayoría de las diverticulitis son leves, pero conviene conocer las señales que obligan a buscar atención médica el mismo día, porque pueden indicar una complicación:
- Dolor abdominal intenso que va a más en pocas horas.
- Fiebre alta con escalofríos.
- Vientre muy duro, distendido y muy doloroso al tocarlo.
- Vómitos persistentes o imposibilidad de retener líquidos.
- Sangrado por el recto o heces muy oscuras.
- Parón completo del tránsito: ni gases ni deposiciones.
En estos casos no hay que esperar. Una diverticulitis complicada (con un absceso, una perforación o una obstrucción del intestino) necesita valoración y pruebas con rapidez, y a veces tratamiento hospitalario.
Cómo se diagnostica y se trata
Ante la sospecha, lo primero es una exploración y una analítica, que suele mostrar signos de inflamación. La prueba que más información aporta en la fase aguda es el escáner abdominal (TAC), porque confirma el diagnóstico y, sobre todo, distingue una diverticulitis sencilla de una complicada. La colonoscopia no se hace en el momento del brote, sino semanas después, una vez pasada la inflamación, para revisar el colon con calma. Si en algún momento te la indican, aquí tienes una guía sobre cómo es la preparación para la colonoscopia paso a paso.
El tratamiento depende de la gravedad del episodio:
- Diverticulitis leve y no complicada: en muchos casos se maneja en casa con reposo digestivo, una dieta blanda o líquida los primeros días y el tratamiento médico que indique el especialista. La mayoría mejora en unos días.
- Diverticulitis complicada o que no responde: puede requerir ingreso para tratamiento intravenoso y, en algunas situaciones, un procedimiento para drenar un absceso.
Cuándo se plantea la cirugía
Operar no es lo habitual en un primer episodio leve. La cirugía se valora, de forma individualizada, en casos concretos: cuando hay una complicación grave (como una perforación), cuando los brotes se repiten con frecuencia y afectan a la calidad de vida, o cuando quedan secuelas como una estenosis que estrecha el intestino. La decisión nunca es automática: se estudia cada caso, la edad, el estado general y cómo han evolucionado los episodios anteriores, y los resultados varían según cada paciente. Todo parte siempre de una valoración médica.
En resumen
Un dolor que se fija en la parte baja izquierda del abdomen, que no cede y que se acompaña de fiebre o de cambios en el ritmo intestinal, tiene muchas papeletas de ser una diverticulitis. La buena noticia es que la mayoría de los episodios se resuelven bien con el tratamiento adecuado; la clave está en reconocerlo a tiempo y no confundirlo con una molestia pasajera, sobre todo cuando aparecen señales de alarma.
Si llevas días con ese dolor en el costado izquierdo del abdomen, o has tenido más de un episodio parecido, lo sensato es ponerlo en manos de un especialista en cirugía general y digestiva para estudiar tu caso. Pide tu cita con nosotros y lo valoramos contigo con calma.