Preoperatorio: qué pruebas te piden antes de operarte y cómo prepararte

15/09/2026

Ya hay fecha. Después de semanas de consultas, pruebas de imagen y dudas, en la última visita te confirman que se opera y sales con una hoja llena de citas: analítica de sangre, electrocardiograma, consulta de anestesia y, según el caso, alguna prueba más. Casi nunca hay tiempo de explicar para qué sirve cada cosa, así que te vas a casa con la sensación de estar cumpliendo un trámite mientras la cabeza se marcha sola al quirófano.

person injecting syringe

Ese bloque de citas tiene nombre propio: es el estudio preoperatorio, y no es burocracia. Es la fase en la que se comprueba que llegas a la intervención en las mejores condiciones posibles y en la que se detectan los detalles que pueden cambiar la técnica quirúrgica, el tipo de anestesia o incluso la fecha. En centropad.es es la parte del proceso sobre la que más llamadas recibimos, y casi siempre con las mismas preguntas: qué pruebas hacen antes de operar, qué pasa con las pastillas del corazón, cuántas horas de ayuno hacen falta y qué ocurre si el día antes amaneces con fiebre.

En este artículo te contamos qué incluye el preoperatorio de una cirugía abdominal, por qué se pide cada prueba y cómo prepararte los días previos. El protocolo exacto depende de tu edad, de tus antecedentes y del tipo de intervención, así que lo que sigue es el esquema general: tu caso se valora siempre de forma individual en consulta.

Qué es el estudio preoperatorio y para qué sirve

El preoperatorio es la evaluación que se realiza antes de una cirugía programada para responder a tres preguntas: en qué estado general te encuentras, qué supone para ti la anestesia y si hay algo que convenga corregir antes de entrar a quirófano.

Esa tercera pregunta es la más importante y la que casi nadie explica. Una hemoglobina baja, una tensión arterial mal controlada, un azúcar disparado o una infección de orina silenciosa son situaciones que se pueden ordenar en unas semanas y que, corregidas antes, hacen que el postoperatorio vaya mejor. El preoperatorio no está para poner trabas: está para que el día de la operación no haya sorpresas evitables.

Las pruebas que te van a pedir

Analítica de sangre

Es la prueba central y la que más información aporta. Suele incluir hemograma completo (glóbulos rojos, blancos y plaquetas), estudio de coagulación, función renal, iones, glucemia y, según el caso, perfil hepático. En cirugía digestiva ese perfil hepático tiene un peso especial: en la cirugía de vesícula biliar en Madrid, por ejemplo, unas transaminasas o una bilirrubina alteradas pueden indicar que hay una piedra en la vía biliar y no solo dentro de la vesícula, lo que cambia la planificación de la intervención.

Electrocardiograma

Registra la actividad eléctrica del corazón en unos minutos, sin molestias. Se pide de forma sistemática a partir de cierta edad y siempre que existan antecedentes cardiológicos, hipertensión, diabetes o síntomas como palpitaciones o falta de aire al esfuerzo. Sirve para detectar arritmias o alteraciones que conviene conocer antes de administrar la anestesia.

Radiografía de tórax

No se pide a todo el mundo. Tiene sentido en fumadores, en pacientes con enfermedad respiratoria conocida, en personas de más edad o cuando la analítica o la exploración levantan alguna sospecha. Permite valorar los pulmones y la silueta cardíaca antes de una anestesia general.

Pruebas específicas según la intervención

A partir de ahí, cada cirugía tiene sus añadidos. Una ecografía abdominal actualizada, un TAC, una endoscopia, una manometría o una pH-metría cuando se estudia el reflujo, o pruebas funcionales respiratorias si hay patología pulmonar de base. No son pruebas rutinarias: se indican cuando aportan algo concreto a la decisión quirúrgica.

La consulta de anestesia: la cita que no conviene saltarse

Es probablemente la visita más útil de todo el preoperatorio y la que más pacientes viven como un trámite. En ella, el anestesiólogo revisa los resultados, te explora, calcula tu riesgo anestésico y decide el tipo de anestesia más adecuado para tu caso.

Para que esa valoración sea buena, conviene llegar con los deberes hechos y contar sin filtros:

  • Todas las enfermedades que tienes, aunque te parezcan menores o bien controladas.
  • Alergias a medicamentos, a alimentos, al látex o a los antisépticos.
  • Cirugías y anestesias anteriores, y cómo las llevaste: náuseas intensas al despertar, dificultad para la intubación, despertares complicados.
  • Si roncas mucho o te han hablado de apneas del sueño.
  • Si llevas piezas dentales móviles, fundas o implantes, un dato más relevante de lo que parece durante la intubación.
  • Antecedentes familiares de problemas con la anestesia.

En esa consulta se firma también el consentimiento informado. Es el momento de leerlo con calma y de preguntar todo lo que no entiendas, incluidos los riesgos y las complicaciones posibles de tu intervención concreta: para eso está.

Medicación: lo que hay que contar sí o sí

Anticoagulantes y antiagregantes

Es el capítulo más delicado. Los anticoagulantes orales y los antiagregantes como la aspirina o el clopidogrel suelen requerir una pauta de suspensión o de sustitución antes de la cirugía, con plazos distintos según el fármaco y el motivo por el que lo tomas. Esa pauta la marca siempre el equipo médico, nunca el paciente por su cuenta: dejar de tomarlos antes de tiempo, o seguir tomándolos sin avisar, tiene consecuencias en direcciones opuestas y ambas serias.

El resto de la lista

Lleva a la consulta la lista completa de lo que tomas, con nombre y dosis, incluyendo lo que no consideras medicación: antiinflamatorios que compras sin receta, suplementos de hierro, anticonceptivos hormonales, antidiabéticos, inhaladores y también plantas medicinales o complementos, porque algunos interfieren con la coagulación o con los fármacos anestésicos. Como regla general, la mayoría de los tratamientos crónicos se mantienen y se toman el día de la cirugía con un sorbo de agua, pero eso se confirma en la consulta de anestesia, no se decide en casa.

Cómo prepararte las semanas previas

El tabaco

Es la medida con más impacto y la que depende solo de ti. Fumar aumenta el riesgo de complicaciones respiratorias y dificulta la cicatrización de las heridas. Dejarlo idealmente cuatro a seis semanas antes mejora de forma clara ese escenario, y cualquier reducción, aunque sea menor, suma. Si necesitas ayuda para conseguirlo, dilo en consulta.

Moverte y comer bien

Llegar activo al quirófano acorta la recuperación. Caminar a diario, mantener una alimentación con suficiente proteína y, si hay sobrepeso, trabajarlo con seguimiento profesional en los meses previos ayuda especialmente en la cirugía de la pared abdominal. No se trata de ponerse a dieta la semana anterior, sino de no pasar el mes previo en el sofá.

La higiene del día antes

En muchos centros se indica una ducha con jabón antiséptico la noche anterior o la misma mañana. No hay que rasurar la zona por tu cuenta: si hace falta retirar vello, se hace en el hospital y con material adecuado, porque las pequeñas heridas del afeitado casero favorecen la infección. Uñas sin esmalte, sin joyas, sin piercings y sin maquillaje.

El día de la operación

El ayuno es la norma que más se incumple por malentendido. La pauta habitual son unas seis a ocho horas sin sólidos y un margen menor para líquidos claros, siempre según lo que te indiquen. No es un capricho: con el estómago lleno existe riesgo de que el contenido pase a la vía respiratoria durante la anestesia, y si no se ha respetado, la cirugía se aplaza.

Ven con ropa cómoda y holgada, calzado fácil de poner, el informe y las pruebas, la tarjeta sanitaria y la documentación. Y ven acompañado: tras una anestesia general no puedes conducir ni volver solo a casa, tampoco en las cirugías ambulatorias en las que te vas el mismo día.

Cuándo se aplaza una cirugía programada

Aplazar no es un fracaso, es una decisión de seguridad. Los motivos más frecuentes son una infección activa en los días previos (fiebre, catarro con mucosidad abundante, infección de orina, una lesión en la piel de la zona a operar), una descompensación de una enfermedad crónica, un hallazgo en el preoperatorio que exige estudio o el incumplimiento del ayuno. Si te encuentras mal la víspera, avisa: es mucho mejor mover la fecha que operarse en malas condiciones.

Lo que viene después

Un preoperatorio bien hecho también sirve para llegar informado a la parte de la que casi nadie habla hasta que la tiene encima. Si tu intervención es de pared abdominal, te ayudará entender antes qué es la malla para hernia y qué se siente con ella, y saber cómo será la recuperación de la operación de hernia inguinal semana a semana. Si te operas de la vesícula, conviene tener claro de antemano cómo es la dieta después de la operación de vesícula, porque la progresión empieza el mismo día del alta.

Los plazos y las pruebas que hemos descrito son los habituales, pero varían según cada paciente y se ajustan de forma individualizada tras la valoración médica. Si tienes una cirugía a la vista y te han entregado una hoja de citas que no sabes interpretar, o si tomas medicación y no sabes qué hacer con ella, resuélvelo antes y no en la puerta del quirófano: pide cita con nuestro equipo de cirugía general y digestiva y revisamos tu caso contigo con tiempo.

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