Llevas meses con ardor después de casi todas las comidas. Al principio lo achacabas a las cenas copiosas o al café, pero ahora aparece también con platos ligeros, empeora al tumbarte y algunas noches te despierta una tos seca que no tiene explicación. Has probado protectores de estómago que se compran sin receta y ayudan un rato, pero el problema vuelve. Ese patrón, ardor que sube hacia el pecho o la garganta, regurgitación de comida o de líquido ácido y molestias que se agravan al agacharte o acostarte, es la forma más habitual en que se presenta una hernia de hiato.

En centropad.es vemos con frecuencia pacientes que llegan después de años conviviendo con un reflujo que consideraban normal, sin saber que detrás puede haber una alteración anatómica que no se soluciona solo con pastillas. En este artículo te contamos qué es exactamente la hernia de hiato, cómo distinguirla de un reflujo simple, qué pruebas se utilizan para confirmarla y en qué casos la cirugía es la opción más razonable.
Qué es la hernia de hiato
El hiato esofágico es el orificio del diafragma por el que el esófago pasa desde el tórax hasta el abdomen para conectar con el estómago. Cuando ese orificio se debilita o se ensancha, una parte del estómago puede desplazarse hacia arriba, hacia el tórax. Eso es una hernia hiatal.
La mayoría son del tipo deslizante: la unión entre el esófago y el estómago sube y baja a través del hiato, lo que altera el funcionamiento del esfínter esofágico inferior, la válvula que evita que el contenido del estómago vuelva hacia arriba. Al perder eficacia esa válvula, aparece el reflujo gastroesofágico de forma mucho más fácil y frecuente que en una persona sin hernia.
Síntomas de la hernia de hiato
No todas las hernias de hiato dan síntomas, muchas se descubren de forma casual en una prueba pedida por otro motivo. Cuando sí producen molestias, las más habituales son:
- Ardor o pirosis que sube desde el estómago hacia el pecho, sobre todo después de comer o al tumbarse.
- Regurgitación ácida, con sensación de que la comida o un líquido amargo vuelven a la boca.
- Dificultad o molestia al tragar en los casos más avanzados.
- Tos seca, ronquera matutina o carraspeo, por la irritación que el ácido produce en la garganta.
- Sensación de plenitud o hinchazón poco después de comer.
- Dolor en la parte alta del abdomen o en el pecho, que en ocasiones se confunde con un problema cardiaco.
Cómo se diferencia de una gastritis o de piedras en la vesícula
El ardor y la sensación de digestión pesada aparecen en muchos cuadros digestivos distintos, y eso complica el autodiagnóstico. La hinchazón abdominal tras las comidas también puede deberse a la vesícula biliar, especialmente si el dolor se localiza en la parte superior derecha del abdomen y empeora con las comidas grasas; por eso, cuando hay dudas, conviene descartar también una patología de la vesícula antes de asumir que todo el cuadro es reflujo. La diferencia clave con la hernia de hiato es que en esta el síntoma dominante es el ardor que sube hacia el pecho o la garganta, y suele relacionarse claramente con la postura, ya que empeora al agacharse o al acostarse poco después de comer.
Causas y factores de riesgo
La hernia de hiato aparece por un debilitamiento progresivo del tejido que rodea el diafragma, y hay varios factores que favorecen ese proceso:
- Edad, ya que el tejido pierde tono con los años.
- Obesidad o sobrepeso, por el aumento de la presión abdominal.
- Embarazos previos, por el mismo motivo.
- Esfuerzos físicos repetidos o tos crónica.
- Predisposición genética a la debilidad del tejido conectivo.
Diagnóstico: qué pruebas se hacen
Ante síntomas de reflujo persistente, la primera prueba suele ser una endoscopia digestiva alta, que permite ver directamente el esófago y el estómago, confirmar la hernia y valorar si el ácido ha dejado lesiones, como una esofagitis. En algunos casos se completa el estudio con una manometría esofágica, que mide la presión del esfínter y la movilidad del esófago, o con una pHmetría de 24 horas, que cuantifica cuánto ácido sube realmente hacia el esófago a lo largo del día. Estas pruebas son especialmente útiles cuando se está valorando una cirugía, porque ayudan a elegir la técnica más adecuada para cada paciente.
Tratamiento: de las medidas dietéticas a la cirugía
En la mayoría de los casos, el primer paso es el tratamiento médico: medicamentos que reducen la producción de ácido, cambios en los horarios y el tamaño de las comidas, evitar acostarse justo después de comer, elevar el cabecero de la cama y perder peso cuando existe sobrepeso. Con estas medidas, buena parte de los pacientes controla bien sus síntomas.
Cuándo se recomienda la funduplicatura
La cirugía se plantea cuando el reflujo no mejora a pesar del tratamiento médico bien seguido, cuando los síntomas afectan de forma importante a la calidad de vida, cuando aparecen complicaciones como esofagitis persistente o estrechamiento del esófago, o cuando la hernia es de gran tamaño. La técnica más habitual es la funduplicatura, que se realiza por laparoscopia: consiste en reducir la hernia a su posición normal y reforzar la válvula antirreflujo envolviendo parte del estómago alrededor del esófago. Al ser mínimamente invasiva, la recuperación es rápida y la mayoría de los pacientes recibe el alta en uno o dos días.
Un reflujo que se repite semana tras semana, que interrumpe el sueño o que ya ha dejado alguna lesión en el esófago no debería tratarse solo con lo que se compra en la farmacia. Merece una valoración que confirme si detrás hay una hernia de hiato y, si la hay, qué opción de tratamiento es la más adecuada para tu caso. En Centro PAD estudiamos cada situación de forma individual, con las pruebas necesarias y sin dar por hecho que toda molestia digestiva se soluciona igual. Si llevas tiempo conviviendo con este tipo de síntomas, pide tu cita con nuestro equipo y empieza a buscar la causa real.